El mercado: cada cesta pide su número
Somos fruteros que van al huerto a por fruta (pelotas) y llenan las cestas del mercado: cada cesta tiene una tarjeta que dice cuántas frutas quiere, ni una más ni una menos. Se trabaja relacionar número y cantidad, contar y la carrera con un objeto en las manos.
Cómo se juega
- El profe enseña el mercado: cinco cestas en fila, cada una con una tarjeta de puntos (1, 2, 3, 4, 5) y, al otro lado de la cancha, el huerto lleno de pelotas (1 min).
- Contamos los puntos de cada cesta en voz alta y decimos cuántas frutas quiere (1 min).
- Corremos al huerto, cogemos una sola fruta, la llevamos a una cesta que todavía no esté llena y volvemos (5 min).
- Cuando todas parecen llenas, nos sentamos y comprobamos cesta por cesta: si sobra una fruta, vuelve al huerto; si falta, vamos a por ella (3 min).
- El profe cambia las tarjetas de cesta y hay que vaciar o llenar lo que haga falta para que cada una tenga su número (3 min).
- Se cierra el mercado: devolvemos la fruta al huerto andando como abuelitos cansados (2 min).
Normas
- Una fruta cada vez.
- Antes de dejar la fruta, miro cuántas hay ya.
- Corremos por los caminos sin cruzarnos de frente con los amigos.
Variantes
Más fácil
Con 3 años, tres cestas con 1, 2 y 3 puntos, y el profe ayuda a contar.
Estándar
Con 4 años, cinco cestas del 1 al 5.
Más difícil
Con 5 años, cestas hasta 10 y algunas tarjetas con el número escrito en lugar de puntos.
Adaptaciones
- Movilidad reducida: el huerto se coloca más cerca, o es el «tendero» que cuenta y comprueba las cestas.
- Discapacidad visual: tarjetas con gomets en relieve y cestas colocadas junto a una pared como referencia.
- TEA: tiene una cesta propia de la que se encarga siempre él, con el mismo número toda la ronda.
Objetivos
- Relacionar el número con su cantidad.
- Contar y comprobar cantidades.
- Correr llevando un objeto con control.
Material para una clase de 25
- pelotas: 40
- cestas: 5
- tarjetas de puntos: 5
Consejo para el profe
Poned más pelotas en el huerto de las que hacen falta, para que siempre haya algo que coger. Lo difícil es parar cuando la cesta ya está llena: que el último que llega cuente en voz alta antes de soltar.
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