Somos un collar: rojo, azul, rojo…
Con chalecos de dos o tres colores, los niños se colocan en fila formando un collar gigante que sigue una serie (rojo, azul, rojo, azul…) y luego el collar baila por el patio sin romperse. Se trabaja reconocer y continuar series de colores con el propio cuerpo.
Cómo se juega
- Cada niño se pone un chaleco rojo o azul y el profe enseña en el suelo un collar de chalecos sobrantes: rojo, azul, rojo, azul (1 min).
- Bailamos sueltos; al parar la música, el profe empieza el collar con dos niños y los demás se van enganchando por la mano siguiendo la serie (3 min).
- Revisamos el collar en voz alta, uno a uno: «rojo, azul, rojo…»; si hay un error, lo arreglamos juntos (2 min).
- El collar camina, hace curvas y se convierte en pulsera (un círculo) sin soltarse (3 min).
- Cambiamos la serie: rojo, rojo, azul, o añadimos un tercer color amarillo, y volvemos a montar el collar (3 min).
- Terminamos con el collar sentado en corro y contando cuántas cuentas rojas tiene (2 min).
Normas
- Me engancho al collar solo si me toca mi color.
- Si me toca esperar, espero el siguiente hueco.
- El collar no se rompe: vamos de la mano despacito.
Variantes
Más fácil
Con 3 años, serie de dos colores (rojo, azul) y el profe va diciendo qué color toca.
Estándar
Con 4 años, series de dos colores con patrones distintos (AAB, ABB).
Más difícil
Con 5 años, series de tres colores y un niño hace de «joyero» que comprueba el collar.
Adaptaciones
- Movilidad reducida: el collar pasa por donde está quien va en silla, que puede ser el cierre del collar.
- Discapacidad visual: chalecos con una textura distinta pegada (lisa o rugosa) y la serie se dice en voz alta.
- TEA: anticipar con una tira de papel con la serie dibujada que el niño pueda llevar en la mano.
Objetivos
- Reconocer y continuar series de colores.
- Esperar el turno para colocarse.
- Desplazarse en grupo sin soltarse.
Material para una clase de 25
- chalecos: 25
- música
Consejo para el profe
Repartid el mismo número de chalecos de cada color, o la serie no cierra. Lo más difícil es saber «qué toca después»: que el último de la fila lo diga en voz alta antes de que se enganche el siguiente.
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