Viento de hojas, estatuas de piedra
Mientras el profe lanza hojas al aire, los niños se mueven como el viento que las lleva; cuando la última hoja toca el suelo, se convierten en estatuas de piedra. Se trabaja la expresión corporal, la inhibición del movimiento y el control postural.
Cómo se juega
- Miramos una piedra grande: está quieta, dura, no se mueve aunque sople el viento; probamos a ser piedra un momento (2 min).
- El profe lanza un puñado de hojas: mientras caen, giramos y soplamos como el viento; al tocar el suelo, ¡piedra! (3 min).
- El viento cambia: brisa suave (nos movemos despacito), vendaval (corremos y giramos), remolino (damos vueltas) (3 min).
- Estatuas de piedra con formas: piedra redonda (bola), piedra alta (estirados), piedra plana (tumbados) (3 min).
- Un niño lanza las hojas y los demás son viento y piedra; vamos cambiando (3 min).
- Termina el viento: todos nos convertimos en piedras del río, tumbados y muy quietos (1 min).
Normas
- Me muevo mientras caen las hojas.
- Cuando tocan el suelo, me quedo quieto como una piedra.
- El viento no empuja a nadie.
- Si me muevo siendo piedra, no pasa nada: sigo jugando.
Variantes
Más fácil
Con 3 años, solo viento y piedra, sin formas, y el profe lanza muchas hojas para que caigan despacio.
Estándar
Con 4 años, los tres tipos de viento y las formas de piedra.
Más difícil
Con 5 años, estatuas por parejas: dos piedras que se apoyan una en otra.
Adaptaciones
- Movilidad reducida: hace el viento con los brazos y el tronco y la piedra quedándose inmóvil en la silla.
- Discapacidad visual: el profe dice «¡piedra!» en voz alta además de lanzar las hojas.
- TEA: le damos su propia piedra grande para tocar cuando sea estatua, como anclaje.
Objetivos
- Expresar con el cuerpo distintas cualidades de movimiento.
- Parar el movimiento a tiempo.
- Mantener una postura quieta unos segundos.
Material para una clase de 25
- hojas secas
- piedras grandes: 3
Consejo para el profe
Lanza las hojas bien alto para que caigan despacio y dé tiempo a moverse. Las piedras solo están para mirarlas y tocarlas; colócalas en el borde, fuera de la zona de juego.
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