El camino de los aros que mandan
Hacemos caminos de aros de colores en el suelo y cada color manda una forma de pasar: saltar con pies juntos, pisar de puntillas, rodearlo o agacharse dentro. Se trabajan los saltos y el cambio rápido de movimiento según una señal visual.
Cómo se juega
- Montamos dos o tres caminos de aros y el profe enseña las tarjetas: rojo, salto de rana; azul, de puntillas; amarillo, lo rodeo; verde, me agacho y toco el suelo dentro (2 min).
- Primera vuelta muy despacio, con el profe al lado de cada camino recordando los colores (2 min).
- Recorremos los caminos haciendo lo que manda cada aro, uno detrás de otro sin alcanzar al de delante (4 min).
- Los niños ayudan a cambiar el orden de los aros y el camino nos sorprende con un nuevo orden (3 min).
- Camino de vuelta: lo hacemos al revés, del último aro al primero (2 min).
- Recogemos los aros por colores: cada uno lleva uno al montón de su color (2 min).
Normas
- Espero a que el de delante pase dos aros para salir.
- Cada aro manda: miro el color antes de pasar.
- Si me equivoco, sigo; el camino no se enfada.
- Al terminar, vuelvo por fuera del camino.
Variantes
Más fácil
Con 3 años, solo dos colores (rojo, salto; azul, de puntillas) y caminos cortos.
Estándar
Con 4 años, los cuatro colores con las tarjetas a la vista.
Más difícil
Con 5 años, cambiamos el significado de un color a mitad de juego y añadimos aros separados que obligan a saltar más largo.
Adaptaciones
- Movilidad reducida: recorre un camino al lado de los aros y en cada color hace un gesto con los brazos (arriba, toque, giro).
- Discapacidad visual: aros de colores muy contrastados y un compañero que le dice el color de cada aro.
- Menos destreza: aros más juntos y salto permitido con apoyo de la mano del profe.
Objetivos
- Encadenar saltos y desplazamientos variados.
- Cambiar de acción según un código de color.
- Esperar el turno y respetar la distancia en una fila.
Material para una clase de 25
- aros de colores: 20
- tarjetas de colores: 4
Consejo para el profe
Pon las tarjetas grandes al principio de cada camino para que las vean al salir. Con más de seis niños por camino la espera se alarga: mejor tres caminos cortos que uno largo.
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